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Los 4 tipos de distracciones que afectan a tu atención y cómo gestionarlas

Ya te he contado que las distracciones no son falta de atención, sino que tu foco atencional varía: pasa de un punto —por ejemplo el libro de texto— a otro —el móvil—. Pero, ¿son todas las distracciones iguales? No. Hay varios tipos y la gestión será diferente.

Hasta ahora te he hablado de la distracción en general y la única distinción que he hecho es la de distractores externos e internos dependiendo de si el estímulo que atrapa tu atención viene de fuera de ti o es por un pensamiento propio, como puedes leer en el artículo Distractores internos y externos: controlar la energía personal.

Hay otra clasificación importante: las distracciones que puedes controlar y las que no. El artículo de hoy se centra en esta distinción. Pero hay más. Vas a diferenciar entre una interrupción agradable o molesta. No es lo mismo que te saque de tu estado de atención la música del vecino que la llamada de tu mejor amiga.

Para gestionar unas y otras y que ninguna afecte a tu productividad y cumplimiento de objetivos, voy a recordarte esta oración que, aunque está más relacionada con los acontecimientos que te ocurren en tu vida, verás que tiene mucha relación con el tema de hoy:

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,
fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar
y sabiduría para entender la diferencia.

Se ha atribuido a tantos autores que mejor lo consultes en este enlace de Wikipedia

Me he acordado de esta oración al intentar responder a las preguntas:

  • ¿Qué hacer con las distracciones que puedes controlar?
  • ¿Y con las que no?

Respuesta: con las primeras necesitarás herramientas para lidiar con ellas y con las segundas deberás cambiar la forma en que respondes a la distracción. Acepta las que no puedes cambiar, reconócelas y modifica tu respuesta hacia ellas; date cuenta de las que sí puedes cambiar porque son controlables y actúa.

Tipos de distracciones

Cada distracción que te haga cambiar el foco de tu atención se puede encuadrar en una de las cuatro categorías:

– Fuera de tu control y molesta

– Fuera de tu control y agradable

– Controlable y molesta

– Controlable y agradable 

Y recuerda que cada una de ellas puede tener un origen externo o interno a ti.

Esta es la clasificación que hace Chirs Bailey en su blog A life of productivity y que refleja en este cuadro:

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1. Distracciones molestas fuera de tu control

¿Cuántas veces te interrumpen durante el trabajo? Ese momento en que parece que todo fluye y, ¡pum!, se abre la puerta y aparece un compañero, tu hijo o tu jefe. Si trabajas en una zona diáfana habrá ruidos que no puedas evitar. Si lo haces en casa y tu hijo, malito, te llama cada quince segundos y tienes la necesidad de atenderle desviando la atención.

¿Y los distractores internos? Tal vez tienes una preocupación que no deja de aparecer en tu mente, en primera línea, y no te deja avanzar en tu tarea. ¿Qué haces?

2. Distracciones agradables que no puedes controlar

¿Qué pasa si esa interrupción es agradable? Te distrae igual. Tu foco de atención cambia también, peroooo te echas unas risas con el último cotilleo de la oficina o con el video que han colgado en el grupo de WhatsApp de tus amigas. La cosa cambia. La distracción te retrasa la tarea pero no te enfadas.

¿Qué hacer?

En ambos casos, cuando no puedes evitar que suceda porque la naturaleza de la distracción te impide hacerlo, tienes que fijarte en tu actitud ante la situación. Porque de tu respuesta depende que puedas o no volver la atención al punto en el que estabas antes de la interrupción. 

Entrenar la atención no ayuda tanto a no distraerse si no a volver a enfocarte con rapidez. Si la distracción es inevitable, acéptala si es molesta y disfrútala si es agradable, y no dejes que la atención extravíe. Saber encarrilarla y enfocarte de nuevo es fundamental. Puedes entrenar con el libro «Entrena tu atención para lograr tus metas» de venta en Amazon.

El entrenamiento mental te sirve para gestionar los pensamientos que te distraen. Aprendes a relativizar la urgencia y la importancia de cada idea que llega a tu mente. En algunos casos puedes llegar a la conclusión de que eso que tanto llena tu mente debe ser tratado en primer lugar y liberarte. Otras veces, te das cuenta de que por más que pienses en ello, no es momento de darle solución porque no la tienes o porque es algo que aún no ha sucedido. Es importante que sepas lidiar con estos pensamientos que alteran la atención. Deja un espacio en tu agenda para dedicárselo a lo que te preocupa y así engañas a la mente: cuando sabe que más tarde le vas a dedicar tiempo deja de molestarte.

3.Distracciones molestas y controlables 

Son las más fáciles de atajar precisamente porque no te gustan. Si algo no quieres que pase y está en tu mano, no pasará. Son distracciones de este tipo el mail del trabajo o de personas con las que no quieres contactar, llamadas de teléfono, entradas en tu despacho o estudio. 

4.Distracciones agradables que puedes controlar 

La gran mayoría de ellas son los distractores externos que ya conoces: notificaciones en el móvil, llamas de teléfono, redes sociales, el libro que estás leyendo, el chocolate… Todos ellos los puedes desconectar o evitar, si quieres. Casi nada es tan urgente como para tener el móvil a la vista mientras trabajas. 

¿Qué hacer?

Fácil: elimínalas. «Ya, ya, es fácil, pero es que… ¿y si publican algo en Twitter justo cuando lo tengo apagado, o mi novio pone un stories o…?». Tú verás. La hiperconexión es un mal hábito.

Si la tarea que tienes ante ti es importante y requiere de toda tu atención, lo único que puedes hacer es apagar notificaciones, cerrar Internet, poner un cartel en la puerta para que nadie entre, descolgar el teléfono o dejar el móvil en silencio (el modo avión va de lujo), etc. Y programa en tu calendario el tiempo que vas a dedicar a ello tras la tarea principal. Date descansos durante la jornada para no hacer nada o para dedicar a esos distractores que te agradan.

La planificación es tu aliada

Además de entrenar la atención, te será útil programarte y planificar. Es más fácil gestionar los distractores más previsibles por adelantado. Las distracciones molestas te enfadan y las agradables te estimulan porque las prefieres a la tarea que realizas. Y la mente busca lo agradable. Tonta no es. Por eso, dale el mensaje a tu mente de que tendrán su hueco en la jornada. Despejar las distracciones por adelantado refuerza la atención de manera que no pierdas el foco.

En conclusión, todos estamos expuestos a las distracciones. La atención es una cualidad humana que se pierde si no se ejercita. Venga de donde venga el foco de la distracción, sea controlable o no, molesta o divertida, es la respuesta de una mente entrenada la que determinará que pierdas el foco y te desvíes del camino o seas capaz de no atenderla o sí, te permitas la distracción pero con la capacidad de volver a enfocarte con facilidad y rapidez.

Las distracciones más difíciles de controlar son las que vienen del interior. Poner barreras a los pensamientos es complicado si no adquieres el hábito necesario para regularlos.

Mientras te entrenas, cuando vuelvas a tener una interrupción que afecte a tu foco atencional, pregúntate si ese distractor es controlable o no y si tienes la capacidad de lidiar con él y reenfocarte de nuevo son pérdida de atención tiempo o productividad.

Ya sabes, si quieres entrenar tienes a tu disposición el libro «Entrena tu atención para lograr tus metas» y el taller en audio «Entrena tu atención». Empieza ya a trabajar con las distracciones para ser tú quien las controle.

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