Atención y procrastinación. ¿Dónde pones el foco?

¿Hay alguna conexión entre la atención y procrastinar? 

La primera vez que oí esa palabra me resultó curioso que se usara siendo tan rara cuando en castellano tenemos la de posponer. ¿Es realmente procrastinar igual a posponer? ¿Cómo actúa nuestra atención cuando procrastinamos? ¿En qué nos enfocamos cuando decidimos posponer algo? ¿Realmente lo decidimos o nuestra mente nos hace creer que hacemos lo que hacemos (o dejamos de hacer) por decisión propia? ¿Es tan importante esto de la procrastinación? (¡ozú, que palabra!)

¿Qué es procrastinar?

Según mi diccionario de cabecera, el de la RAE, procrastinar es diferir, aplazar. 

Y según la Wikipedia, procrastinación (que procede del latín procrastinare: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro) es postergación o posposición, es decir, la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.  

La Wikipedia da una definición más amplia al hacer referencia a que ese aplazamiento se realiza de las actividades más relevantes por las menos, aunque el matiz suele ser que la actividad sea agradable o no.

Es decir, que la procrastinación no se da cuando decides dejar algo para después, si no cuando lo haces consciente de que va a ser perjudicial para ti de alguna manera. Procrastinar tiene un punto irracional en el sentido de que lo decidimos sabiendo que es algo negativo y, ser conscientes de ello, nos produce más estrés o insatisfacción.

Una de las razones por las que el término se utiliza más en la actualidad es la cantidad de estímulos que tenemos al alcance de la mano y que nos invitan a prestar atención a lo más actual e inmediato. Buscamos la satisfacción a muy corto plazo.

¿La procrastinación es tan mala? 

Andaba yo preparando este post cuando se publicó en El País un artículo cuya conclusión es que no siempre es malo procrastinar. Aunque con matices, estoy de acuerdo.

Desde el momento en el que el término entró en mi vida, empecé a sufrir porque cada vez que dejaba algo para después me flagelaba pensado que estaba haciendo mal. Muy mal. Que mi falta de productividad se debía a que no empezaba por lo importante; que quizá no concluía ningún proyecto por miedo a enfrentarme a ellos y me llenaba el día con nimiedades y tareas-excusa (más de una vez me he dicho, venga va, recojo la casa y me siento al ordenador. Y ese recojo la casa se convierte en una limpieza de 5 horas ¿ves? si es que no tengo tiempo…) Vamos, que era una procrastinadora de libro. Me pregunto ahora: ¿dónde ponía exactamente mi foco?

El invierno pasado se puso de moda el reto de madrugar. ¡Hasta había grupos de Facebook de madrugadores en el que los participantes contaban a qué hora se habían levantado y qué habían hecho!: que si meditar, que si ejercicio, que si yoga, que si escribir un post…

Para ti quizá sea un reto eso de madrugar y ponerte a producir, pero para mi, madrugadora por vocación y sin esfuerzo, que en mi etapa universitaria amanecía a las 5h para estudiar, todo eso me parecía (y me parece) una tontada.

Porque cada uno debe hacer lo que mejor le va. Todos somos diferentes y lo que a mí me va de lujo a ti te puede fastidiar el día entero. Ana Samper en su blog www.ordenyconcierto.es habla de ello: cómo organizar tu horario según tu cronotipo.

¿Eres alondra o búho?

Es cierto que el ser humano tiende a aplazar la realización de las tareas que le son más desagradables o tediosas. A no ser que seas como yo y prefieras quitarte de encima primero lo que no te gusta para dedicarte en exclusiva a lo agradable sin la presión de saber que aún te queda por hacer eso que te da más rabia. Son dos maneras de verlo.

Quien realmente te dice qué es agradable o desagradable es tu mente a través de tu pensamiento; eso que estás pensando es en lo que te enfocas. Dedica unos momentos a observar cómo etiquetas (agradable, desagradable, buena, tediosa, obligatoria…) cada actividad de las  que debes realizar un día concreto. Y ahora piensa  qué prefieres hacer primero y porqué. Ya vas teniendo datos importantes.

A raíz de otro post, una lectora cuestionó en los comentarios la necesidad de conocerse mejor a uno mismo; comentaba que no le veía ni la importancia ni la utilidad. El autoconocimiento sirve para, entre otras cosas, saber en qué momentos eres más productivo. Conociéndote mejor y observándote podrás organizar tu trabajo y tus tareas, agradables o no. El autoconocimiento te ayuda a evitar la procrastinación.

En el blog Habitualmente Tania Sanz nos explica tres razones por las que se procrastina:

1.- la recompensa instantánea

Buscamos la satisfacción ya, ahora mismo, cuando preferimos comer un trozo de chocolate a una manzana, quedarnos en la cama a madrugar para salir a correr, etc.

2.- creer de verdad que luego lo haremos mejor

Pensamos que el momento perfecto es después, cuando estemos más tranquilos, o coma algo o… y a veces ese momento nuca llega.

3.- el miedo

Este es el más generalizado aunque no lo reconozcamos. El miedo nos paraliza y nos hace procrastinar una tarea o actividad importante. En su lugar elegimos tareas sencillas o con las que nos sentimos más seguros.

 

¿Te suena alguna de ella? ¿Añadirías alguna más? (puedes  escribir tu opinión en comentarios)

¿Por qué no todo es procrastinación?

Aquí quería llegar, con un poco de storytelling. Para reducir la autoflagelación que te comentaba antes decidí observar. ¿Por qué aún madrugando más no me pongo con “lo serio” hasta el mediodía y entonces tengo que comer y luego salir pitando al cole…? Mejor trabajar temprano. Si en la Universidad lo hacía, es porque me iba bien.

Clarísimo, ¿verdad? Pues no. Porque en la Universidad tenia a mi mami en casa que me traía un café con leche a las seis de la mañana (lo de madrugar me viene de familia), el desayuno listo antes de irme y la comida preparada cuando volvía de clase. ¡Ideal! (gracias mamá).

Pero ahora soy yo la que hace de mamá y mis obligaciones incluyen las de llevar de la mano a los niños hasta el cole con el almuerzo preparado y la ropa de deporte debidamente lavada en sus mochilas. 

Me levanto con una actividad mental de tal calibre que no puedo retirarme ni a meditar ni a escribir ni a trabajar en nada que no implique actividad y organización.

Seguí con mi autoanálisis y descubrí que cuando trabajaba con jornada reducida, me pasaba las primeras horas del día organizando cosas, escribiendo mails, con llamadas y reuniones…, pura actividad. Y no era hasta el mediodía cuando realmente me ponía a sacar el  trabajo que requería una mente más calmada y serena. Y justo a esa hora, cuando me sentía realmente creativa y productiva, me tenía que ir.

Es decir, que yo no estaba procastinando si no actuando según mi cronotipo o forma de ser. Admiro a los que escriben a las seis de la mañana. Quizá yo me levante antes que ellos pero necesito hacer otras cosas y, cuando me siento a escribir, me concentro mejor si tengo tachadas en mi agenda las tareas menores, incluidas las camas hechas y todas las comidas del día preparadas. Cuando la mente me va a mil es por las mañanas. Si dejo para la madrugada una actividad que requiere una mente en calma, me cuesta concentrarme porque estoy pensando continuamente en todoloquetengoquehacer.

Te propongo tres pasos para saber si realmente cada vez que aplazas algo es procrastinación o no. Aunque no lo creas, depende entre otras cosas de dónde pones tu atención y si ésta la sabes sostener sobre la tarea en cuestión.

Paso 1.

Piensa en la tarea que has aplazado. ¿Te produce ansiedad o algún tipo de incomodidad? 

Paso 2.

¿Hay algo que puedes hacer en este momento que te produzca sensaciones agradables? (no vale pensar en irte de viaje, debe ser algo al alcance en este momento como levantarte otra vez a hacerte otro té). ¿Esta tarea te libera de la incomodidad de la primera? ¿Puedes mantener tu atención en ella o tu mente te dice que deberías estar con otra cosa?

Paso 3.

¿Estás pensando excusas por las que es mejor dejar la tarea para otro momento?

Si ocurren las tres cosas, es probable que tengas un problema de procrastinación. No te preocupes porque tiene cura. Puedes salir de ese círculo trabajando la disciplina y la atención.

procastinando
Voy a leer un rato y ya salvaré vidas después

Atención y procrastinación. ¿Dónde pones el foco?

Puede ser que realmente estés procrastinando y autosaboteándote. Que te creas las excusas que te das para no enfrentarte a alguna tarea o tomar una decisión de suma importancia. Lo vas dejando porque siempre encuentras alguna prioridad que necesita de ti (¿estás cumpliendo tu propósito de hacer deporte todas las semanas o esa amiga que te invita a un café es un caso de vida o muerte?)

Observa realmente dónde estás enfocando tu mente: en lo que haces, en lo que no haces, en el debería…

¿Qué puedes hacer? Te dejo 7 ideas para trabajar la procrastinación:

1.- Analiza si realmente estás procrastinando o solo es un empeño en hacer las cosas en un orden establecido (que te han aconsejado otros) sin escuchar a tu mente y a tu cuerpo. Haz una lista de las cosas que sueles hacer a diario y en qué momento del día te cuesta menos hacerlas.

2.- Establece un orden de trabajo. Hay quien prefiere planificar el día la noche anterior y así levantarse y ponerse con las tareas previstas, y quien lo hace al levantarse. Ponerte a trabajar con un plan trazado hace que te focalices en eso sin perder tiempo con distracciones que se lleven tu atención a otras tareas. Si ya tienes previsto cuando haces lo que más te agrada y te desagrada, tu mente se relaja. La planificación le da seguridad y además ya sabe de antemano cuando va a tener esos momentos agradables. Al tener ya el plan del día previsto, no dejas que la mente tenga que decidir.

3.- No etiquetes la tarea que pospones como algo desagradable. Como dijo Budha, nos convertimos en lo que pensamos, aunque no seamos conscientes de ese pensamiento. Trabaja con tus pensamientos para que estos, a su vez, trabajen a tu favor. Busca lo positivo de lo que tienes que hacer y no haces. Si se trata de algo de tu trabajo, encuentra aquellos aspectos que más te gustan o, si no los encuentras, piensa en la importancia que tiene lo que haces. Hay muchas maneras de hacer que  algunas tareas sean menos aburridas (por ejemplo ponerte música y bailar mientras limpias la casa).

En la planificación del punto dos puedes ponerte notas motivadoras o intercalar pequeños premios que marquen los hitos conseguidos.

4.- Ponte objetivos pequeños, alcanzables y progresivos de manera que celebres cada uno de los que vayas consiguiendo. Si lo que pospones es, por ejemplo, el ejercicio, plantéate metas pequeñas y valora luego el esfuerzo realizado, los beneficios que te están aportado. Prémiate como los positivos que se le dan a los niños. Alcanzar objetivos le dice a tu mente que eres capaz. Sigue así. Alcanzar pequeños éxitos actúa positivamente en nuestra actitud y autoestima.

5.-Cuida del entorno en el que trabajas. Haz que sea un sitio agradable en el que te apetezca estar para realizar la actividad que tienes que hacer, con el mínimo de distracciones posibles a tu alcance.

6.- Tu cuerpo es tu aliado, no lo descuides. Reflexiona un momento sobre si duermes las horas suficientes para estar descansado, si haces ejercicio y tu alimentación es sana. A lo largo del día de trabajo, introduce pequeñas paradas para hace meditaciones cortas y moverte. Cuida tu alimentación para que te aporte energía. La procrastinación se da más en personas que se sienten cansadas.

7.- Introduce rituales de atención. Si adquieres unos hábitos determinados, a tu gusto, que te ayuden a concentrarte en tu trabajo, evitas la procastinacion porque tu cuerpo y tu mente actúan como un resorte cuando sigues una serie de rituales, siempre los mismos, antes de ponerte con una tarea que no te gusta. Tu mente no se plantea si es agradable o no; la hace porque es lo que toca. Como cuando se enciende la luz justo en el instante posterior a pulsar el interruptor. El ejemplo que más se utiliza para explicar los ritos, aunque la razón no es procastinar si no concentrarse, son los toquecitos varios que se da Nadal sobre la cara y pequeños tirones en su ropa, antes de iniciar un saque. Otro ejemplo: el estudiante de oposiciones que antes de ponerse a estudiar se hace un café, o el orador que antes de subirse al estrado se da un paseo de 5 minutos solo, o el bebé que sabe que le toca el biberón cuando le sacan de la bañera… son pequeñas acciones que nos ponen en situación y preparan tu mente para la tarea a realizar. Si te cuesta mucho ponerte a trabajar, idea una serie de ritos que te ayuden. Te sorprenderás de los resultados.

 

Te habrás dado cuenta de que la procastinación tiene mucho falta de autorregulación interna y de mala organización del tiempo, cuando hablamos de tareas, o de miedo, cuando hablamos de decisiones.

Antes de auto-flagelarte, como hacia yo, y etiquetarte como procrastinador, analiza si realmente lo eres y empieza ya a programar tus días incluyendo las tareas y acciones que no te motivan nada. Introduce rituales, premios y pon un horario a cada actividad de modo que tu mente sepa que ahora toca leer y comentar este post y no vas a dejarlo para después porque el momento es ahora. Venga anímate y comenta.

¿Procrastinas a menudo? ¿Crees que es siempre negativo?

Photo by Mag Pole on Unsplash

Photo by Raj Eiamworakul on Unsplash

2 Comments

  1. Victoria Martinez
    febrero 14, 2019

    Buenos días! A raíz de haberme apuntado a leer mindful he empezado a leer tu blog, me encanta y te doy las gracias. Tengo lectura para muchos ratos y espero aprender mucho y sobre todo disfrutar.

    Responder
    1. Pilar Navarro
      febrero 14, 2019

      Gracias Victoria. Bienvenida a mi casa. Me alegra tenerte por aquí. Un abrazo

      Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Scroll to top