Mente, entrenamiento mental, mindfulness

Cómo minimizar el cansancio mental

¿Cansada? ¿Ya?

¿Cómo va ese post-descanso vacacional? Si tomaste vacaciones en verano y sentías que las necesitabas para descansar, es lógico pensar que has vuelto a tu rutina laboral, profesional o de estudio descansada como una rosa fresca. ¿Verdad?

(…) ¿Qué dices? ¿Qué ya estás agotada? ¿Que entre retomar el trabajo, el comienzo del colegio, el calor que no se marcha y quehaceres varios ya estás para irte otra vez de vacaciones? Ya. Siento decirte que suele pasar. No a todo el mundo le ocurre igual pero por regla general hay un deseo enorme de tener vacaciones, estas no siempre son todo lo relajadas que se esperaba, los placeres del verano se olvidan el primer día de trabajo… Que ese sea el mensaje que más se escucha en los medios durante el mes de septiembre no quiere decir que te tenga que pasar a ti. 

¿Te afecta el cansancio?

El cansancio llega en cualquier momento del año y por cualquier motivo: un viaje largo con jetlag, niños de vacaciones en casa trasteando, puntas de trabajo, una maratón, atender a un familiar en el hospital y seguir trabajando, una cambio de casa, la recta final de unas oposiciones, etc. El cansancio no es en sí un problema pero puede afectar a todas la facetas de tu vida. Por ejemplo, el cansancio provoca que te encuentres menos capaz de hacer el trabajo, que te retrases en algunas tareas y te abrumes por ello, que te cueste seguir hábitos saludables, que no tengas ganas de casi nada, que te plantees muchas de las cosas que haces y que estés de peor humor.

Estar cansada puede tener efectos negativos en el ánimo y la actitud con la que afrontas el día. 

Por desgracia, hay muchas personas que están cansadas la mayor parte del tiempo, debido al exceso de trabajo/obligaciones, a dormir menos horas de las necesarias o a problemas y preocupaciones que fatigan sin más.

¿Qué hacer cuando parece que no te quitas el cansancio de encima?

Bien. Para mí hay que distinguir el cansancio físico del mental. Si es tu cuerpo el que se fatiga, no tienes más que dejar lo que estás haciendo y tumbarte o darte un baño de espuma, por ejemplo. Evalúa el tipo y grado de cansancio pues tal vez estés incubando algo y necesites ir al médico. 

Antes de que dejes de leer porque no has venido al blog a que te cuente obviedades, te adelanto que te voy a dar consejos para serenarte y enfocarte a pesar de tener cansancio mental. Sabes que es la mente lo que me interesa. Mi objetivo es darte pautas para que lleves una vida con sentido, consciente, serena y enfocada en lo que de verdad es importante para ti. Sin automatismos. Y minimizando el cansancio mental que tanto lastra. Porque una de las razones que me llevaron a cambiar de vida fue ese agotamiento mental que no me permitía disfrutar de todo lo que me rodeaba, ni de los míos, ni siquiera de mí misma. Esa fatiga que no desaparece solo con dormir un rato.

Bueno, si tu cansancio es provocado por la falta de sueño —frase hecha curiosa: lo que te sobra es sueño y lo que te falta es poder dejarte acunar por él y dormir como un lirón toda la noche— tendrás que acudir a un especialista que te ayude aplicando los métodos habituales para tratar de dormir mejor, como una mejor higiene del sueño, establecer un horario constante para acostarte y despertarte, hábitos saludables, etc.

Cuando sientas que en tu mente no cabe una idea más, que ya estás exhausta tratando de gestionar todo tu día con mil aspectos a tener en cuenta, cuando creas que estás al borde o, antes de que suceda esto, simplemente cuando empiezas a notar ese cansancio mental que sabes que podrá con tu ánimo si lo dejas crecer, practica este ejercicio meditativo:

Busca un lugar solitario y reserva cinco minutos por lo menos. Sí, los tienes. Te lo prometo. Aunque parezca que no. Prueba a encerrarte en el baño para que nadie cuestione tu momentánea desaparición…

Siéntate y sigue estos pasos:

  1. Reconoce tu cansancio. A mí me va bien cerrar los ojos y dejarme ir, recorriendo mentalmente mi cuerpo para visualizar ese cansancio. Es decir, toma conciencia de tu estado dejándolo ser. Nota tu apatía, percibe la saturación de tu mente, sé consciente de la falta de energía.
  2. Acepta tu estado. Luchar contra él o empeñarse en seguir el ritmo apartando el cansancio, no hace más que aumentarlo. La presión sobre ti misma será cada vez mayor. Acepta desde la no lucha. Y acepta que la fatiga mental no te permite ser tan productiva como quisieras. 
  3. Cuando has aceptado, la mente ya va percibiendo la calma. Revisa tus objetivos y baja las expectativas durante los días que te sientas así. Cuanto más quieras hacer, más la cargas. No esperes de ti misma más de lo que ahora puedes hacer.
  4. Observa y curiosea con el cansancio: ¿qué sientes en los ojos? ¿y detrás de ellos?, ¿notas algo especial en el pecho, en el abdomen, en la garganta?, ¿notas pesadez en las piernas?, ¿tal vez en los párpados?, ¿o en la sien?
  5. Experimenta ahora el cansancio como si fuera agua embalsada en tu cabeza y visualiza que abres una compuerta y sale a chorros hacia abajo, mojando todo tu cuerpo hasta llegar al suelo. Cae por tus ojos, tu cara y, como una cascada, salta refrescando tu piel. El agua que queda es como una laguna tranquila y clara. Visualízalo.
  6. Regálate compasión: Como si lo hicieras con otra persona, sitúate mentalmente frente a ti y date comprensión, amor, deseo de aliviarte con palabras de calma. Si estás familiarizada con las meditaciones de compasión puedes empezar tus frases con: «que yo pueda descansar» «que yo alivie mi sufrimiento» «que yo…»
  7. Respira profundamente antes de terminar. 
cascada, mente

¿Y ya está?

Claro que no. La constancia es el único truco para que funcione. Y llevarlo a tu día a día. Sal a tu entorno y afronta el resto de la jornada siendo consciente de las pequeñas cosas que vas haciendo. Si es necesario, replanifica tus tareas para aprovechar los momentos más lúcidos y programa pequeños ratos para descansar. No trates de resolver todo al mismo tiempo. En la medida de lo posible prioriza; seguro que hay tareas que puedes dejar para el día siguiente. 

Escribe todo lo que ocupa espacio en tu mente, lo que te agota. ¡Sácalo! La escritura es una herramienta muy potente para aligerar esa pesada carga que hay en tu cabeza.

Por último, si la fatiga mental se empieza a convertirse en crónica, replantea tu vida. Si no es por algo momentáneo —como tener un familiar en el hospital o un proyecto que sabes cuándo va a terminar— revisa tus objetivos, valores y necesidades verdaderas. Por ti misma o con ayuda de un profesional, analiza tu vida y si esas obligaciones que saturan tu mente son de verdad necesarias.

Te lo puedo decir porque yo cambié de vida. Había días en los que sentía que a mi cabeza le faltaba un click para estallar. Mindfulness me salvó porque me puse ante un espejo y empecé a ver de verdad, con un mirada nueva que despejó el almacén de la mente de cachivaches inservibles. Una limpieza a fondo que recomiendo a todo el mundo. Hasta entonces no dedicaba mucho tiempo a la higiene mental; de vez en cuando ponía algo de orden pero seguí acumulando. La verdadera limpieza vino con la practica de mindfulness. Quizá para ti haya otra forma de la misma manera que el método Kondo no es para todos. Busca el tuyo y haz esa limpieza a fondo necesaria para que tu mente no tenga que soportar un peso innecesario y se fatigue tanto. 

Y deja espacio para el disfrute. Aprender a parar y dejar tiempo a diario para lo que te hace feliz es otra forma de contribuir a minimizar el agotamiento mental.

En este espacio ofrezco dos herramientas útiles tanto para que el cansancio mental sea menor como para evitar que llame a tu puerta:

  1. Con el entrenamiento de la atención con el libro «Entrena tu atención para lograr tus metas»* o con el AudioTaller «Entrena tu atención».
  2. Con la escritura emocional en formato online a tu ritmo o trabajando one to one conmigo.

Hay otras formas. Busca la tuya y experimenta. Ninguna es la panacea de nada ni sirve igual para todos porque no todos somos iguales. Lo que te cuento es lo que a mí me funciona.

Cerrar los ojos un segundo y respirar siendo consciente de tu estado en ese momento aporta beneficios a tu mente y no te cuesta nada, ni tiempo ni dinero. No te olvides de que siempre estás respirando. Siendo consciente de la respiración, solo con eso, ya vas poniendo obstáculos al cansancio mental. Cada respiración profunda y consciente hace un mini reseteo que tu mente agradecerá. Regálate mini descansos y recuerda que la mente se puede entrenar. 

Además de todo esto, ya sabes, cuida tu alimentación, haz ejercicio, medita, lee, ama mucho y sobretodo sonríe. 

Ahora dime: ¿eres víctima del agotamiento mental?, ¿qué haces para descansar la mente?

Y

pregúntate, en serio, ¿qué es lo que merecen tu mente y tu corazón? ¿Dónde pones la atención en este momento? ¿Coincide?

*enlace afiliado de Amazon

2 Comments

  1. Mahandeep Kaur
    22 septiembre, 2019

    Tomo nota para hacerlo, porque aunque suelo llevar bien el año, sí hay momentos en los que me siento muy cansada. Creo que el hecho de meditar todos los días me ayuda a sobrellevar el año, pero estas pautas que das son más específicas, enfocadas al cansancio. Las llevaré a cabo. Gracias!

    Responder
    1. Pilar Navarro
      22 septiembre, 2019

      Desde luego que la meditación ayuda. Al menos a mí y a mis compañeros de grupo que lo comentan. Y saber cómo hacer respiraciones conscientes para esos momentos en los que parece que te vas a desbordar. Gracias por pasarte por aquí. Un abrazo

      Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Scroll to top