El día que mi hijo jugó (muy) bien a baloncesto

Como bien sugiere el título de este post, mi hijo de 8 años entrena (y juega) a baloncesto en el colegio. Aunque a principio de curso no tenía muy claro qué deporte escoger, le «sugerimos» que el baloncesto le iría bien y se federó. Ha sido un año duro. Por motivos que no vienen al caso el equipo de mi hijo no es realmente un «equipo» en el sentido que esperábamos de compañerismo, valores, etc. Una de las cosas que nos gustaba del baloncesto es que no se dan tanto las individualidades y el trabajo del grupo como tal es muy importante. Los valores educativos del baloncesto (como de otros deportes, por supuesto) nos atraían tanto o más que el deporte en sí.

Durante semanas, mi hijo ha vuelto a casa con distintos cuentos e historias de falta de compañerismo hacía su persona y su juego (que nunca ha sido demasiado bueno) con la intención de dejarlo, Y todas las semanas le hemos ido convenciendo con distintos argumentos. Básicamente, el que no entrena nunca será bueno y para mejorar, le decimos, debería seguir. Además, le hemos insistido porque nos daba la sensación de que el querer dejarlo no era porque no le guste el deporte. Eran otros los motivos. Por ejemplo, el que  los compañeros le dijeran que lo malo que es… He asistido a partidos en los que más que a jugar, parecía que iba «de paseo» y al preguntarle la razón me decía: «para qué me voy a esforzar más, si total lo voy a hacer o mal» o «me van a decir que soy el peor». Hasta el punto, a veces, de que si otro fallaba la culpa era suya. No es que ocurriera exactamente así. Es que así es como le hacían sentir.

El último sábado, de camino al partido, se iba parando y escondiendo en portales y tiendas porque no quería jugar. No tenía más remedio que ir porque si no, no había jugadores suficientes. Además, durante todo el curso le estoy enseñando que si se ha comprometido con algo, debe cumplirlo.

¿Y porqué digo en el título que jugó bien?. Pues por que después de un partido anterior en el que no hizo más que pasearse (ninguno jugó bien realmente), y tras una mañana de quejas y malos auto-augurios («mamá, soy muy malo» «no quiero jugar porque soy el peor» «lo voy a hacer fatal»etc.), durante el camino y ya cansada de argumentar esto y  lo otro, le dije que, simplemente, él elige si quiere ser bueno o malo: Le dije que si le decía a su mente que es buen jugador, jugaría bien, y que si se decía a sí mismo que  es mal jugador, jugaría mal.

La decisión era suya y de nadie más, daba igual lo que le dijeran los demás. Lo importante es lo que se dice él a sí mismo. Lo que nos decimos a nosotros mismos.

Y como por arte de magia, empezó a jugar bien, lo que provocó que los espectadores le jalearan y animaran (doy especialmente las gracias a la madre de G que sabe cómo animarles a todos)  y esos ánimos le dieron más alas. Al final, el equipo ganó (como suele suceder con este equipo que aún sin estar unido y con varios cambios, siempre vence) y mi hijo fue el niño más feliz del mundo todo el día.

El mismo día y por casualidad, leí en Facebook el cuento de dos niños pequeños, uno de los cuales cae al agua y el pequeño, sin saber nadar, llama a los adultos que no le oyen por lo que decide ayudar al otro y lo consigue. La moraleja es que no tenía a nadie al lado diciendo que no podría hacerlo. Es la misma moraleja que la fábula de la rana sorda que cae a un hoyo y los demás animales le gritan dese arriba que nunca podrá salir. Y ella, a base de rascar la pared para intentar subir, va llenando el agüero de tierra hasta que está tan alto que sale por sus propios medios. Dice el fabulista que si no hubiera sido sorda no habría salido por hacer caso a los demás que le decían que nunca lo conseguiría.

Estos cuentos valen tanto para lo que nos dicen como para lo que nos decimos. No podemos elegir lo que nos digan los demás, pero podemos elegir no escucharles si creemos en nosotros mismos.  Y podemos elegir lo que nos decimos, el mensaje que le damos a nuestra mente es tan importante que es el que, al final, hará que juguemos bien o mal.

¡Tú decides!

Te dejo con la fábula de la rana sorda:

https://www.youtube.com/watch?v=3wCXWOYDPvI

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