En Primera Persona (III): Marta Cañeque psicóloga

Estoy encantada de presentarte a Marta Cañeque, psicóloga practicante de mindfulness, que nos ha prestado un post sobre su experiencia personal como meditadora mindfulness. Aquí vas a encontrar hoy todos los beneficios que esta practica le han supuesto para ella. No te cuenta teorías ni experiencias de otros. Todo lo que dice lo ha vivido en su propia persona. Espero que disfrutes tanto como yo con su lectura.

Lo que he aprendido practicando Mindfulness
Publicado el febrero 16, 2016 por Marta Cañeque

El doctor Jon Kabat-Zinn (pionero en investigar y desarrollar las aplicaciones clínicas del entrenamiento en meditación de atención plena) explica lo siguiente sobre la práctica de mindfulness: <<Pensar que uno no puede meditar sería como pensar que no puede respirar, concentrarse o relajarse. Casi todos pueden respirar sin dificultad. Y, bajo las circunstancias adecuadas, casi todos pueden concentrarse y relajarse. A menudo se confunde la meditación con la relajación u otro estado especial que se tiene que alcanzar o sentir. Después de una o dos veces de haberlo intentado y no haber sentido ni llegado a nada especial, uno piensa que es uno de los que no pueden hacerlo. Pero la meditación no consiste en sentir de una cierta manera. No consiste en poner la mente en blanco o detener el flujo del pensamiento, si bien esto último puede cultivarse en forma sistemática y profundizarse con la meditación. Sobre todo, la meditación consiste en dejar la mente tal cual está, al tiempo que se sabe algo acerca de cómo está en ese momento. No se trata de “viajar” con la mente, sino de permitir que uno esté donde realmente está>>.

Después de comprometerme con la práctica de mindfulness e incorporarla a mi vida cotidiana quiero compartir algunas cosas que me ha enseñado esta experiencia:

  1. Ya no me gusta ser multitarea. Durante la mayor parte de mi vida me he enorgullecido de todo lo que soy capaz de abarcar a lo largo del día. ¡Tú dame una hora y verás!. Ahora sigo estando satisfecha de mi habilidad para gestionar el tiempo pero ya no deseo ser multifunción. No quiero estar en el gimnasio pensando en la lista de la compra. No me apetece sentarme a ver una película y no cogerle el hilo porque estoy publicando en las redes o respondiendo al correo. Y desde luego no quiero salir a tomar algo y que tal como lleguemos al bar lo primero que hagamos todos/as es sacar el móvil.
  2. He conseguido levantar el pie del acelerador. Ha empezado a resultarme desagradable esa sensación física de estar acelerada para lograr “hacer más en menos”.
  3. No quiero ser la chica del anuncio de estas pasadas navidades, de una compañía de telefonía móvil, que prefiere dejar de prestar atención al espectacular paisaje que tiene delante por ver una serie en su smartphone. Deseo disfrutar de la vida plenamente, no quiero arrepentirme de no haber prestado atención a las cosas importantes, y para ello sé que necesito estar más presente.
  4. He descubierto que practicando ejercicios muy sencillos después puedo trasladar esa práctica a mi día a día, ampliando las situaciones en que los aplico y multiplicando los beneficios.
  5. Normalmente mi cuerpo está aquí y mi mente está… no sé dónde está pero desde luego aquí no (a veces creo que mi mente es una edición especial de la lonely planet, de lo que le gusta un garbeo). Sin embargo, la práctica de la atención consciente ha conseguido que ahora me resulte más fácil traerla de vuelta. Y lo que consigo es tremendo: reduzco la ansiedad que supone que mi mente viaje al futuro y la penilla y el regustillo amargo que me regala cuando se da una vuelta por el pasado y me recuerda lo que ya no tengo.
  6. No importa cómo sea cada práctica de atención a la respiración (la herramienta principal para entrenar la atención del mindfulness), incluso esos días en que mi mente está especialmente errante y dispersa, al terminar los ejercicios siempre me siento mejor.
  7. Puedo relacionarme de forma amistosa con mis emociones, ya no tengo la necesidad de pelearme con ellas, de ignorarlas o de salir corriendo cuando lo que siento no me agrada.
  8. Sigo teniendo problemas (ser psicóloga no es una receta milagrosa para convertir automáticamente tu vida en un oasis de tranquilidad y felicidad, por mucho que de vez en cuando alguien me diga, como me ha pasado recientemente, cosas como “eres psicóloga, tu vida tiene que ser perfecta”… siento desilusionarte, pero va a ser que no), pero puedo afrontarlos con más serenidad que antes y evito con mayor facilidad sentirme superada por ellos.
  9. Mi capacidad para actuar se ha potenciado frente a mi impulso a reaccionar. Noto como tengo más tiempo para decidir lo que digo y hago.
  10. Me conozco mejor. Al prestar más atención a lo que pasa en mi (mis pensamientos, mis sensaciones corporales, mis emociones) obtengo más información de adónde suele escaparse mi mente, a través de qué partes de mi cuerpo suelen hablar mis emociones y cuáles son esos hábitos que he adquirido con el paso del tiempo y que son los responsables de algunos de mis momentazos de malestar. Información es poder, y estos datos sobre mi son un material valiosísimo con el que puedo decidir si quiero hacer cambios en mi forma de afrontar y resolver situaciones.
  11. Exprimo mi presente, mis vivencias y las sensaciones que las acompañan. ¿Sabes esa diferencia entre masticar y tragar (masticar y tragar, masticar y tragar) la comida a la que estás acostumbrado/a en tu menú diario y ese instante en el que pruebas por primera vez un plato desconocido, diferente y llamativo?. En el segundo caso parece como si ese alimento explotara en tu boca y te llenara con su sabor. Le prestas tanta atención que eres capaz de reparar en los detalles de su textura y olor, y hasta dedicas un tiempo a tratar de descubrir sus ingredientes. Ese bocado al que te acercas con la curiosidad de lo desconocido y mientras va llegando el alimento a tu boca disfrutas con la expectativa. Esa curiosidad y atención normalmente se va reduciendo según ese plato se va haciendo habitual (a veces incluso sólo hacen falta darle unos cuantos bocados). Al practicar mindfulness he aprendido a observar con curiosidad e interés situaciones y sensaciones como si fuera la primera vez que las vivo. Y no solo la comida, cualquier momento puede convertirse en una explosión de realidad y de presente.
  12. Y, quizás lo más importante para mí, he encontrado que hay calma en mi interior.

 

<<Si realmente quieres descubrir un sentimiento duradero de paz y satisfacción, tienes que aprender a reposar la mente>>

Yongey Mingyur Rinpoche

Pistas

Te propongo un ejercicio para entrenar tu habilidad de estar presente: en los próximos días ponte pequeños avisos en diferentes momentos del día (por ejemplo, una alarma en el móvil que suene a las 9:32, 14:07, 18:21 y 22:11). Cuando el aviso suene, deja lo que estés haciendo, cierra los ojos, respira profundamente un par de veces y presta atención a lo que sientes en tu cuerpo en ese momento (sensación de calor, de frío, de humedad, el tacto, quizás algún picor, cierta tensión…). A continuación presta atención a tus emociones (si te sientes calmado/a, alegre, irritado/a, quizás un poco inquieto/a…). Por último, intenta darte cuenta de tus pensamientos (y si, decirte a ti mismo/a “no estoy pensando en nada” ya es un pensamiento).

Idea clave

Aprender a tomar conciencia de lo que ocurre en nuestro momento presente nos permite afrontar de una forma más consciente los desafíos que nos encontramos en nuestra vida.

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Espero que te haya gustado. Puedes encontrar a Marta en su web, donde tienes todos sus datos:

 

http://gabinetepsicologia-ap.com

Gracias Marta por tu colaboración.

con licencia Creative Commons

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