ayuno mindfulness

Experiencias mindfulness: el ayuno. Con Laila R. Monge

Llevar la atención plena a tu día y vivir de una manera mindful son las dos consignas que más predico desde este blog. Dos que en realidad son una: vivir conscientemente, desde el momento en el que te encuentres, con atención a tu experiencia directa con lo que te acontece.

Cuando la actitud con la que te levantas cada mañana es de observación y aceptación, lograr una sensación de plenitud alejada del sufrimiento y coherente con tus valores y objetivos, es mucho más fácil.

El tema del artículo de hoy tiene mucho que ver con esta actitud. A sugerencia de mi compañera de escritura Laila R. Monge, cuyo relato en primera persona podrás leer tras esta introducción, he investigado sobre la relación que existe entre mindfulness y ayuno. 

¿Ayuno? ¿Para qué?

Simplificando mucho, el ayuno consiste en abstenerse de algo. En este caso de comida.

Las razones son muy variadas, desde el deseo de hacer una dieta, hasta buscar la purificación del cuerpo; o razones sociales, políticas, de salud, religiosas…

Dejando a un lado el motivo, que es muy personal,  hay algo en común y es que el ayuno ha sido utilizado a lo largo de la historia de la humanidad como un remedio y un refuerzo en prácticamente todas las áreas de la salud: física, mental y emocional.

En el artículo de hoy, te voy a hablar sólo de dos tipos de ayuno y la relación entre ellos:

1.- Ayunar por razones religiosas/espirituales: El ayuno voluntario, llevado a cabo de manera consciente, tiene su origen en entornos religiosos y espirituales. Por ejemplo, los católicos practicantes históricamente se han abstenido de comer carne el Miércoles de Ceniza, el Viernes Santo y todos los viernes durante la Cuaresma. El judaísmo propone siete días de ayuno durante todo el año, incluido Iom Kipur. Otras religiones orientales, como el budismo o el hinduismo, a menudo utilizan el ayuno como una forma de purificación o de aumentar la concentración y la atención plena. Y, como en el caso de mi invitada Laila, los musulmanes ayunan durante Ramadán: un mes entero en el que se abstienen de comer y beber desde el amanecer hasta la puesta del sol.

2.- Por otra parte, el ayuno también se propone para la mejora de la concentración y la atención plena en contextos mindfulness, de yoga y de autocuidado: el acto de ayunar en sí mismo requiere que practiques la atención plena con la comida – o la falta de ella – (estar consciente de tu apetito sin reaccionar). Si ayunar te produce ansiedad, con las habilidades mindfulness podrás observar tus pensamientos, creencias y expectativas para eliminar las connotaciones negativas de la privación de alimento.

El ayuno, cualquiera que sea el motivo por el que lo lleves a cabo, se ha utilizado durante siglos para entrenar la concentración, la conciencia y la autodisciplina.  Es otra forma de entrenar tu músculo de atención plena.

Además, si ya meditas, oras o rezas habitualmente, observarás que con el ayuno es fácil acceder a estados de meditación más profundos, es decir que el ayuno podrá mejorar esa experiencia.

El mindfulness en períodos de ayuno

Pero no es de meditación de lo que te quería hablar, si no de cómo ayuda mindfulness en un mes de ayuno como es el Ramadán.

Y la ayuda viene precisamente de aprender a gestionar la ansiedad que produce el “tener que” abstenerte de algo, en este caso de comer. Una mente entrenada pondrá la atención en lo que sabe que no le va a hacer sufrir. Puedes estar todo el día centrado en lo que no tienes y pasarlo sufriendo con sensación de hambre, o enfocarte en otras cosas y dejar en un rincón de tu mente al que no haces caso, la sensación de hambre. Tu realidad depende de dónde eliges poner tu atención.

En el libro Comer atentos, la Dra. Jan Chozen Bays dice que el hambre es muy mental, porque somos nosotros mismos los que nos decimos que hay que comer a las 8h, a las 11h, a las 14h, a las 17h y a las 21h, por ejemplo. Si vives en otro país, el horario sería otro y tu mente te avisará a otras horas. Nuestra mente ordena a nuestro estómago que sienta hambre a esa hora para avisarnos. ¿Puedes, entonces, “reprogramar” tu estómago a través de tu mente? Sí, claro que sí.

La misma autora habla en su libro de lo que el ayuno puede enseñarte en cuanto al hambre y su satisfacción:

  • cuando empiezas el ayuno, el estado de ánimo con el que comienzas tiene un efecto potente sobre la cantidad de hambre que vas a sentir. Por ejemplo, siente más hambre el que tiene que ayunar para una prueba médica que le fastidia, que el que ayuna para apoyar una causa política o religiosa.
  • si antes de comenzar le vas diciendo a tu mente el horario de las siguientes semanas, tu estómago comenzará a sentir hambre al llegar la noche o en el momento que vayas a ingerir alimento.

El problema no es que aparezca el deseo de comer, o la sensación de hambre. Eso es lo más normal. El problema es quedarte en ese deseo no satisfecho o en esa sensación que te lleva a la ansiedad y al sufrir. Por ello, la actitud mindfulness de aceptar cómo te sientes, observar tu experiencia sin juzgar, y dejar pasar esos pensamientos llevando tu atención a otros, es una actitud más que aconsejable en períodos de ayuno como el Ramadán.

Y te dejo ahora con la experiencia en primera persona de Laila que amablemente sugirió y contribuye a este artículo:

Experiencias mindfulness: el ayuno. Con Laila R. Monge

Hasta hace unos meses no me había parado a pensar en el mindfulness. Con tantas técnicas novedosas que se utilizan y esa obsesión por nombrar todo en inglés, me falta tiempo para aprender de todo. 
Leí en el blog de Pilar que mindfulness es más que meditar. Aprendí que mindfulness es ser consciente, vivir y disfrutar el momento, es querernos, no juzgarnos, ser amables con nosotros mismos. 
Mi vida es estresante, agotadora. Ser madre de tres pequeños, que ninguno ha cumplido aún los 5 años, a tiempo completo requiere un gran esfuerzo; y en gran parte más esfuerzo mental que físico. A esto hay que sumarle que soy una persona ambiciosa y un poco impaciente. Quiero hacer muchas cosas, y no puedo esperar. Necesito llevar una vida más calmada, vivir Mindful y disfrutar de las pequeñas cosas, pero reconozco que me cuesta mucho. 
Hace unos días empezó Ramadán, el mes durante el cual los musulmanes ayunamos. Es un mes de esfuerzo y espiritualidad que consigue sacar lo mejor de nosotros. 
Aunque llevo muchos años ayunando y sé lo mucho que me aporta este mes, nunca me había parado a pensar en ciertas cosas. El ayuno de Ramadán me ayuda a vivir mindfulness. Sí, sí, soy consciente, capaz. Pero, ¿por qué solo en este mes? Pues porque todo está en la mente. 
A lo largo del año, llegan las 11 de la mañana, voy a comprar y pienso “qué hambre tengo, voy a almorzar algo porque no aguanto más». En cambio, llega Ramadán, y me paso 16 horas sin comer ni beber nada, y lo llevo bien. Si digo que no siento hambre en ningún momento, miento; pero es cierto que soy capaz de controlarlo. Sé que no se come hasta cierta hora, y aunque en algún momento me da hambre, enseguida se me pasa y sigo con mi ayuno. Y lo mismo que me pasa a mí con la comida, le pasa a las personas que fuman, y son capaces de aguantar largos días de ayuno sin probar el tabaco. 
Con el ayuno intentamos ser mejores personas también. Así que, si todos los días digo alguna mala palabra, cuando estoy ayunando trato de evitarlo. En ese momento de estrés que mandaría todo a paseo, lo pienso y soy capaz de calmarme. 
También me he dado cuenta de que, hace unos años, trataba de estar en el sofá o tumbada la mayor parte del día. “Estoy ayunando y no tengo tantas fuerzas”, debía pensar más de una vez. En cambio ahora, ayuno y sigo con mi rutina: me levanto a la misma hora, llevo a los niños al colegio, hago las tareas de la casa, salgo a comprar, me pego una caminata hasta el hospital… Pero es que además, de esas pocas fuerzas que debería tener por el ayuno, saco energía incluso para seguir cuidando al bebé y atendiendo a los otros dos niños. 
Por último, en este mes de la espiritualidad, intento también dedicar más tiempo a otras cosas, como leer y reflexionar. Ya no me preocupa tanto si he limpiado tres veces esta semana o lo hice solo una; ni tampoco si debería haber escrito veinte cosas y solo he hecho cinco. Disfruto del día, del ayuno, de la reflexión, de la lectura. Controlo mi comportamiento, controlo mi mente. Vivo Mindful. 
Lo que sí tengo claro, como propósito post-Ramadán, es que me gustaría salir de este mes con energía renovada. Me he propuesto cambiar mi vida, establecer otros ritmos para disfrutar de lo que hago sin estrés y con plena consciencia. Porque al final, ¿de qué sirve hacer algo si no lo disfrutas? ¿Para qué quiero conseguir ciertas cosas si me estoy perdiendo su proceso? 
Voy a parar, meditar, reflexionar, sentir, vivir y ser consciente. Quiero aplicar el mindfulness en mi día a día, para siempre. 

Laila R. Monge, gracias.

 

Y como dice Laila, si durante un mes “soy capaz” y observo los beneficios de actuar desde la calma y de vivir el día a día con mayor consciencia, ¿por qué no hacerlo todos los meses del año? Eso es llevar una vida mindful, que no es ni mejor ni peor que vivir en piloto automático, simplemente, desde mi experiencia, disfrutas más de la vida y de todos sus detalles. Y entonces dará igual que sea Ramadán, Navidad, vacaciones o semana de exámenes, porque tu mente se adapta a lo que hay y saca lo mejor de cada momento. 

Equilibrio, armonía y ecuanimidad son la consecuencia de una practica regular de tu capacidad mindfulness.

 

Sobre Laila R. Monge

Laila R. Monge es escritora de novela realista, educadora infantil y madre. En su primera novela, autobiográfica y que se publicará en los próximos meses, nos contará cómo cambió la Cuaresma por el Ramadán.

Encuéntrala en su blog y en  Facebook y Twitter

 

Foto de portada: Jonathan Pielmayer vía Unsplash

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