mindfulness, atención

Lo que no es mindfulness (II)

Beneficios del mindfulness

Hace unos meses publiqué un artículo titulado Lo que no es mindfulness que voy a ampliar hoy. A raíz del libro “Entrena tu atención para lograr tus metas” muchas personas me han preguntado si es un libro para aprender mindfulness. De hecho, una editorial rechazó publicarlo por considerarlo «un libro de mindfulness más». Quien así habla demuestra desconocimiento del tema. Y lo entiendo. Hay tanto artículo, demasiado a favor o radicalmente en contra, que es difícil distinguir qué es qué. Por ejemplo, el libro utiliza prácticas meditativas y sí que tiene muchas ideas y recomendaciones basadas en mindfulness, pero va más allá.

Aprender a manejar la atención también tiene que ver con la productividad, la multitarea, la motivación y mucho más.

Tanta confusión me lleva a retomar el tema para seguir aclarando lo que no es mindfulness (o lo que es), desde mi experiencia y punto de vista. Estas opiniones son personales —contrastadas con infinidad de lecturas, experiencias y asistencia a cursos con variedad de instructores—.

Con el hastag #mindfulnessmasqueunamoda voy publicando en redes artículos ajenos o noticias que desmitifican los idílicos beneficios de la práctica de mindfulness. Parte de la confusión es considerar que el beneficio es siempre algo positivo. Según la RAE, beneficio es utilidad y beneficiar es «hacer que algo produzca fruto o rendimiento, o se convierta en aprovechable», entre otras definiciones. En este sentido, es siempre beneficioso porque nos aporta, nos enseña o nos muestra algo que desconocíamos. ¡Ojo!: ese «algo» puede no gustarnos en absoluto. Y este es el motivo de que algunas personas abandonen la práctica. 


¿Qué sucede cuando practicas mindfulness?

Aclaremos en qué consisten realmente algunos de los beneficios que has podido leer en diferentes medios:

1. Mindfulness no es igual a sentarse a meditar

Una de los principales errores es creer que mindfulness es lo mismo que sentarse durante horas a meditar. La meditación sentado o tumbado es solo una de las diferentes herramientas que se utilizan para practicar la plena consciencia. 

Mindfulness es un estado de atención plena al que puedes llegar practicando la respiración consciente, dando un paseo contemplativo, ejecutando una tarea con atención sostenida, haciendo un ejercicio de comer consciente, llevando tu atención a la escucha activa, etc. En definitiva siendo consciente de la actividad que realizas mientras la realizas, sintiendo la experiencia y reconociendo las emociones.

Porque mindfulness es un estado de la mente en el que estás plenamente consciente de la experiencia del momento. Con la meditación y otras herramientas llegas a ese estado mental.

En resumen, practicas mindfulness cuando te preguntas: ¿de qué soy plenamente consciente en el momento presente?: ¿de mis emociones, de mis pensamientos, de mi cuerpo…? Ese es el primer paso: darte cuenta de lo que experimentas en un momento dado. Y para ello, una herramienta fundamental es la práctica de la meditación en cualquiera de sus formas.

2. La práctica es un proceso continuo. No hay una meta

Son muchos los artículos divulgativos que prometen beneficios con apenas una práctica meditativa de unos minutos en cursos de pocas semanas. Sí y no. Depende de cada uno, de su compromiso con la práctica, de su intención y de su personal disposición a la atención plena. Es cierto que solo con la práctica diaria se consiguen esos ansiados beneficios y que para adquirir un hábito es necesario un período mínimo de tiempo —unos autores aseguran que 21 días son suficientes para adquirir un hábito, otro sugieren más tiempo—.

La práctica de la plena consciencia, como explica Gonzalo Britto, es similar a plantar y hacer germinar una semilla. Poco a poco, regándola con la práctica, comenzará a brotar lo que se convertirá en una planta.

Los beneficios no son una meta; se advierten durante el camino. Al igual que el sol aparece y desaparece durante tu caminar, dependiendo de si hay árboles que lo tapan, nubes, etc., los beneficios del mindfulness pueden aparecer y desaparecer en función de las circunstancias de dicho camino y las tuyas propias. En la vida hay situaciones que te ponen a prueba constantemente y, además, conforme vas explorando capas más profundas de tu ser te encuentras con cuestiones personales no resueltas o que mantenías ocultas —esos beneficios que no gustan—. 

En cuanto a la práctica en sí, la frecuencia y duración de la misma es diferente para cada uno y en cada momento.

3. Vives con mayor consciencia. ¿Es bueno o malo?

Con mindfulness te vuelves más consciente de cuando no eres plenamente consciente —valga la redundancia—, y eso es ser plenamente consciente también. Es decir, que la propia práctica te ayuda a darte cuenta de en que momentos te cuesta mantener la atención plenamente en el presente. En cambio, cuando estás totalmente inmerso en una actividad, como los niños cuando juegan o con una lectura que te absorbe, el tiempo te pasa volando —estás ejercitando la atención sostenida o concentración—. De la misma manera, entrenas y fortaleces la habilidad de darte cuenta de las decisiones que tomas cada día y que son poco «amables” con tu cuerpo o con el entorno, como por ejemplo consumir alimentos perjudiciales para el organismo, mantener relaciones tóxicas, aceptar tareas que no te convienen, etc. Al ser consciente de ello puedes actuar para cambiar esa situación.

Y más aún, la consciencia provoca más resultados: descubres los defectos de tu persona que desconocíais o que solo veías en los demás, como la crítica destructiva, el egoísmo, el cotilleo, la manipulación, la falta de autoestima, la pereza, la soberbia, entre otros. A veces te fijas en los defectos de los demás que realmente son los tuyos y evitas ver. El primer paso, por tanto, es volverse consciente, es decir, darse cuenta. Ser consciente de la «inconsciencia» ya es en sí mismo un acto de plena consciencia (pensamiento budista). Es imposible hacer un cambio de estilo de vida sin reconocer que hay algo que necesitas cambiar; y el cambio siempre debe surgir desde dentro y no desde el exterior.

A ser consciente de lo que necesitas cambiar se llega con el entrenamiento de la atención.

4. Aprendes a escuchar a tu cuerpo

Con la práctica te vuelves más consciente de las necesidades de tu cuerpo en general. Como la mayoría de la gente, seguro que tú también te sobrecargas de responsabilidades que tu cuerpo refleja de alguna manera. Si aprendes a escucharlo, reconocerás sus necesidades antes de que te invada la enfermedad o el estrés provoque efectos nocivos. Sabrás así cuando necesita actividad física, meditar, beber, descansar, divertirse o comer nutritivamente. A veces el cuerpo te manda señales que no sabes reconocer. Hazle caso. Tu cuerpo es sabio.

5. Eres más productivo

La práctica de la atención plena te enseña a diferenciar entre lo que te distrae —o los que te distraen— y lo que te lleva a culminar tus tareas. Además, refuerzas la habilidad de volver a enfocarte si la distracción ocurre.  Aprendes que la multitarea (mejor dicho, la multiatención) no es productiva: mantener el foco y distinguir entre lo prioritario y lo urgente contribuyen a mejorar tu productividad.

Si aprender a enfocarte y mantener el foco, eres más productivo en menos tiempo. Realizar tareas que te gustan menos de manera enfocada hace que tengas más tiempo para lo que te gusta hacer.

¿Entonces?

No solo es mi experiencia. Somos muchos los que hemos vivido estos beneficios. Reitero que mindfulness no es la panacea que todo lo soluciona; si ese es tu objetivo, estás buscando fuera de ti, es decir, practicas mindfulness para que te arregle la vida. Solo tú puedes ocuparte de tus asuntos. El primer paso siempre es reconocer. Y esto es lo que te da el mindfulness: el autonocimiento necesario para poder ser tú quien se dirija a sí mismo. Ese es el verdadero beneficio de la práctica y del entrenamiento de la atención.

Como decía uno de mis instructores cada semana al vernos entrar en la sala: “Sois muy valientes”. Porque cuando uno mira hacia dentro puede ver hadas o monstruos y hay que ser valiente para seguir observando. Y ¿por qué seguimos? Porque sin esa observación, sin ver las hadas y los monstruos, sin reconocerlos, sin darte cuenta, nunca nunca podrás dirigir tu vida.

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