mindfulness, atención

¿Por qué «mindfulness»?

Es una pregunta que me hacen a menudo: ¿por qué haces mindfulness? ¿para qué? No lo practico para algo, de verdad, no tengo un objetivo a alcanzar más allá del de vivir con serenidad y consciencia alineada con mis valores.

No obstante, voy a explicarlo más:

Porque te mola la moda del mindfulness

Mindfulness es algo que está de moda y de lo que mucha gente habla aún sin entender bien qué es. Ha calado mucho en la sociedad actual de la hiperconexión, el estrés y las prisas gracias a las investigaciones de algunos científicos y médicos de EEUU como el doctor Benson o Kabat-Zinn en los últimos 30 años. Pero no es algo nuevo; el mindfulness es verdaderamente antiguo y, aunque solemos decir que sus raíces son budistas, es una práctica común a muchas religiones. Mindfulness como lo estudiamos y practicamos ahora está libre de connotaciones religiosas.

Mindfulness es, por tanto, un término difícil de explicar porque no hay traducción directa y exacta en español; las distintas traducciones que se le han dado tiene todas un sentido muy similar: atención plena es la más usual, aunque también se habla de consciencia, presente, etc. El término mindfulness ya se utiliza como tal sin traducir en la mayoría de los casos (recordatorio: se escribe en minúscula y cursiva, hasta que las autoridades lingüísticas digan lo contrario, por ser un término en inglés). 

El origen de la palabra mindfulness lo encontramos en el lenguaje pali (el que hablaba buda) y quiere decir estar en el presente para ver las cosas como realmente son, no como te parece que son.

A mí me han dicho que es meditación…

Es importante aclarar que mindfulness NO es meditación. Podemos decir que mindfulness es un estado de la mente que se consigue con una herramienta que es la meditación. Es decir, que la meditación es el instrumento que nos ayuda a entrenar la mente mindfulness.

También me han dicho que soluciona todos los problemas

Es curioso que la mayoría de las personas que se inician en mindfulness lo hacen porque tienen algún tipo de problema: estrés, dolor crónico, ansiedad… ¿Por qué ocurre esto?

Porque si todo nos va bien, es decir, estamos cómodamente instalados en nuestra vida, con buena salud, sin nada que nos perturbe especialmente, apenas nos preocupamos por nuestros pensamientos. Cuando de pronto aparece algo que hace que nuestra vida segura y cómoda se tambalee —un problema de salud, perder a un ser querido, un desamor, quedarte sin trabajo…— sentimos una tormenta interior que nos hace reaccionar bien resistiéndonos, bien huyendo o somatizando los problemas y enfermamos: la ira, el enfado, los nervios, la enfermedad o la depresión son algunas de las consecuencias. 

Lo común en el ser humano ante las circunstancias adversas es tomar uno de estos dos caminos:  resistirse o huir. Lo curioso es que ambas opciones hacen que el problema aumente llegando incluso, como decía en el párrafo anterior, a provocar enfermedades.

El entrenamiento de la mente debe realizarse antes, cuando estamos bien. Igual que haces ejercicio para mantenerte sano. Además, se ha demostrado que la gente que practica mindfulness habitualmente, así como los que hacen ejercicio físico continuado, toleran mucho mejor las circunstancias adversas de la vida no tanto por que estén más tranquilos sino por el efecto que estas prácticas tiene sobre su amígdala. 

Y que puedo dejar de pensar

El problema en nuestra sociedad actual es que la mente se impone al mundo real. La realidad es lo que es, pero nosotros nos construimos otra filtrada por la mente que superponemos al mundo real. Un ejemplo que utiliza el Dr. Mario Alonso Puig es compararlo con como era el mundo hace 500 años ¿era plano o redondo? Las dos respuestas, en aquella época, eran ciertas: el mundo era redondo porque siempre lo ha sido, es la realidad; pero ¿vivía la gente como si fuera redonda? No; todos creían que era plana y vivían con esa certeza: esa era su realidad. El mundo real era redondo, como sabemos, pero el mundo mental era plano. Hasta que llegó Colón y se atrevió a cruzar lo que se suponía que era el límite y se descubrió que el límite era el comienzo. Eso es exactamente lo que nos pasa con nuestra realidad. En lugar de pensar en la tierra, vamos a imaginar que nos miramos en un espejo. ¿Qué vemos? Cuando nos miramos y no nos gustamos, estamos viendo la tierra plana. Seguro que eres más que el defecto en el que has puesto tu atención. 

La ventaja de mindfulness es que nos ayuda a ver lo que no estamos viendo, por eso la definición de sati es estar en el presente para ver las cosas como de verdad son. Otro aspecto importante de mindfulness es el darse cuenta. Tendemos a ir en piloto automático todo el día, haciendo movimientos rutinarios sin pensar en ellos, como autómatas. Cuando actuamos así, no estamos presentes. En mi caso, con  mi segundo hijo me di cuenta de que no estaba mentalmente presente cuando empezó a andar, siempre preocupada con otras cosas, y decidí parar, no perderme la vida de mis hijos ni la mía propia… Estamos pero no estamos; está nuestro cuerpo pero no nuestra mente que ya está en lo que tiene que hacer después o en lo que debía haber hecho y no hizo…

Con la práctica del mindfulness se consigue reducir la intensidad de ese circuito automático y activar otro circuito que es el más importante para ver las cosas como son y para tomar las decisiones que nos ayudan para salir adelante, para mejorar la productividad, para ser más creativo, para ganar más dinero, para ser más cariñoso con los demás, etc.

Al iniciar la práctica de mindfulness no sentimos nada especial, más que quizá relajación, porque tan solo cerramos los ojos y respiramos conscientemente. Hay que seguir. Poco a poco practicando con asiduidad y compromiso, empezamos a vernos de una manera que antes ni siquiera podríamos imaginar. Como dice José María del Toro, nos des-cubrimos. 

Con mindfulness no vamos a parar a mente o dejarla en blanco. ¿Recuerdas lo que no es mindfulness? La mente fabrica pensamientos constantemente. Ese es su trabajo. Los pensamientos son como olas en el mar que pueden ser suaves o tremendamente perturbadoras. Con la practica de mindfulness nos sumergimos en el mar y vemos las olas desde abajo; no luchamos contra ellas, no nos resistimos ni nos dejamos llevar porque sabemos que pasarán.  Las vivimos como lo que son, olas —pensamientos— sin angustiarnos por lo que nos gustaría que fueran. 

Con mindfulness nos zambullimos y observamos sin dejarnos arrastrar. 

Como el mundo mental genera tanta distorsión, parar y observar desde la profundidad nos ayuda a ver con más claridad y poder tomar esa decisión, por ejemplo. Al observarnos y conocernos mejor descubrimos talentos que teníamos ocultos, damos alas a la creatividad, respondemos sin automatismos, aprendemos a alegrarnos con los demás, a dar más amor y ser más amables. Todo esto y mucho más –lee lo que aprendí con mindfulness— es vivir mindfulness para mí.

Te toca: ¿Qué es mindfulness para ti?

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