te quiero, love

¿Te quiero?

¿Es necesario decirte quiero”?

Dicen las personas que más cerca están de los moribundos que de lo que más se arrepiente la gente antes de morir es de no haber dicho más veces “te quiero”. Y nos aconsejan que lo digamos con más frecuencia. Los jóvenes y adolescentes de hoy en día lo aplican hasta el empalago en redes sociales. Si sigues a alguno en, por ejemplo, Instagram, lee un momento las veces de TQ, TQmucho, Eres lo mejor de mi vida, Te adoro, lovelove… y emoticones de corazones, tan sólo por haber subido una foto cualquiera un día cualquiera en un lugar cualquiera. Me pregunto si se lo dicen también a la cara. Y me pregunto si de verdad sienten tanto amor por alguien con quien comparten aula y poco más.

Por otra parte, también llama mi atención la de películas y series americanas en las que decir “te quiero” a un amigo o amiga “fuerte” se interpreta como un compromiso que desemboca en boda segura. Y de ahí el miedo a decirlo (miedo al compromiso, claro). Nada que ver con los jóvenes españoles que lo dicen (por redes) a todas horas y a cualquier amigo o amiga.

love

¿De verdad crees que es tan importante decir “te quiero”?

Esta es la reflexión de esta semana: ¿De verdad crees que es tan importante decir “te quiero”? ¿El amor solo lo demuestras con palabras? ¿Hasta qué punto se dice con verdadero sentimiento o a la ligera sin evaluar todo su significado y alcance?

La idea de preguntarte todo lo anterior viene de dos casos totalmente contrarios que he conocido las últimas semanas. 

Caso A

La protagonista es una mujer en cuya familia nunca se han dicho “te quiero”. De hecho, me decía, de pequeña pensaba que no la querían porque además sus padres y familiares no derrochaban caricias ni besos. Eran más bien parcos en gestos cariñosos. Y más aún en palabras.

Ahora de adulta comprende que ha recibido mucho cariño, mucho más que otras personas de su entorno. Lo recibía en forma de presencia de sus padres, en gestos de apoyo, en disponibilidad absoluta para ayudarle de cualquier modo, en estar sin agobiar, en cuidar, en aconsejar con sabiduría y prudencia, en  interesarse continuamente por sus éxitos, fracasos, pruebas, viajes, exámenes, entrevistas, promociones, dudas… siempre ha contado con ellos sin pedirle que rinda cuentas de nada. 

Caso B

La protagonista se crió en una familia donde siempre se despiden con un “te quiero” o un “te amo”. Si no lo dicen es como si faltara algo por decir. Le llevan la cuenta de las veces que llama por teléfono (“no has llamado, te tocaba a ti que la última vez llamé yo”). Cuando se ven, los abrazos la comprimen hasta dejarla sin respiración. Sí, cuando se ven porque se ven poco y hablan cada vez menos. Nunca se interesan por lo que hace, no la escuchan cuando cuenta novedades, nunca han estado presentes en ningún momento importante para ella, aparte claro está de su boda y poco más. Cuando necesitaba un consejo, una opinión, una ayuda cualquiera no podía contar con ellos. La presencia en su vida ha sido bastante escasa. Eso sí, se tiene que despedir diciendo cuanto les quiere y viceversa porque de lo contrario le echan en cara que no les quiere o que es una desagradecida. Me contaba que de pequeña se sentía muy querida, de tanto que se lo decían, pero que ahora no lo siente igual.

El amor no es algo natural, sino que requiere disciplina, concentración, paciencia, fe y la derrota del narcisismo. No es un sentimiento, es una práctica

Erich Fromm

 

 

Ambas son madre de familia ahora, cuando me cuentan su historia. A decidió, nada más quedarse embarazada del primero, que desde bebé le diría “te quiero” muchas veces y le daría besos, caricias, roces buscados que parecieran involuntarios… Y así sigue. Además, conscientemente o no, practica la presencia como hicieron en su familia. Estar sin estar, cuidar, guiar, etc. Comete, seguro, errores como todas las madres y va aprendiendo por el camino. Es una madre tan imperfecta como las demás. No se propuso hacer lo mismo que hicieron con ella. Pero hay veces que las cosas salen solas cuando las has vivido durante mucho tiempo.

B lo está pasando mal. También a ella le salen gestos aprendidos sin querer. Le gustaría ser una madre presente, más de lo que fueron con ella. Tiene el “te quiero” siempre en la punta de la lengua y cuando siente que falla, lo compensa con algún regalo. Lee consejos sobre parentalidad consciente en este y en otros blogs, consulta libros y pregunta a otras madres. Una semana le suele durar la aplicación de lo que va aprendiendo. Sin quererlo vuelve  a surgir el modo en que a ella la educaron. Sufre porque quiere a sus hijos y a su pareja pero no sabe demostrarlo, fuera de las palabras.

El amor infantil sigue el principio: Amo porque me aman. El amor maduro obedece al principio: Me aman porque amo. El amor inmaduro dice: Te amo porque te necesito. El amor maduro dice: Te necesito porque te amo.

Erich Fromm

Sentir lo que se dice

Para A es imposible decir algo que no siente. Por eso sus “te quiero” van dirigidos a sus hijos y pareja. Ni siquiera le sale decirlo al resto de su familia. Nunca se lo han dicho y ahora no le llegan esas palabras a la boca. Lo ha intentado pero no. Siente amor por ellos así como por algunas amigas especiales. Pero nunca se lo dice. Se reconoce incapaz. Por ello, lo intenta demostrar con actos, gestos y hechos. Nunca con palabras.

Para B el “te quiero” sale hasta sin darse cuenta. Llama a otras personas con palabras cariñosas. La mitad o más de las veces no lo siente, pero lo dice. ¿Son palabras vacías? ¿Qué significan realmente?

Ahora tú

A mí me resultó curioso que dos personas me plantearan un problema tan similar con tan diferente trayectoria.

  • ¿Qué opinas tú?
  • ¿Decimos “te quiero”poco o mucho?
  • ¿Las palabras son suficientes o debemos demostrarlo con actos y gestos?
  • ¿Qué les dirías a A y qué le dirías a B?

 

¿Qué le da una persona a otra? Da de sí misma de lo más precioso que tiene, de su propia vida. Ello no significa necesariamente que sacrifica su vida por la otra, sino que da lo que está vivo en él, da de su alegría, de su interés, de su compresión, de su conocimiento, de su humor, de su tristeza, de todas las expresiones y manifestaciones de lo que está vivo en él.

Erich Fromm

♥♥♥

El libro recomendado con esta entrada es: El arte de amar de Erich Fromm 

Foto Ali Yahya vía Unsplash

Foto Instagram via Pixabay

Foto Love propia

 

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